28/05/2020

Manual de etología de boas: la manipulación en las relaciones dependientes

Manipulación

Una de las problemáticas más habituales en las consultas de psicoterapeutas es la dependencia emocional. Aunque este tema es muy…

Una de las problemáticas más habituales en las consultas de psicoterapeutas es la dependencia emocional. Aunque este tema es muy amplio y da para varios artículos, hoy querría detenerme en un aspecto muy concreto, el que tiene que ver con las relaciones tóxicas con personas altamente manipuladoras.

En general, la dependencia emocional tiene mucha relación con la manipulación. En estas relaciones tóxicamente dependientes, una de las personas, si no ambas, suelen mostrar tendencias manipuladoras que generan relaciones en las que, abierta o encubiertamente, hay mucho conflicto de larga duración.

El título de este artículo alude a las boas porque la forma de actuar de este tipo de serpientes al cazar una presa se me asemeja figuradamente a las maniobras encubiertas que suelen utilizarse en los procesos relacionales manipuladores.

Los anillos de las boas van extendiéndose poco a poco en torno a la víctima para, una vez dispuestos, comenzar a apretar hasta la sofocación.

En las relaciones de manipulación, los anillos en torno a la persona manipulada y manipulable se pueden extender a lo largo de muchos años sin que la persona pueda, en realidad, ser consciente de lo que está ocurriendo. Aunque sí suele ser consciente de las emociones encontradas que siente a veces; de la angustia que sufre en determinados momentos de la relación; y de sentimientos que experimenta, como ira o culpabilidad.

La manipulación suele ser, como su nombre ya apunta, encubierta y dirigida a que ese otro actúe a favor de los objetivos del manipulador. Estos objetivos pueden ser muy variados, desde beneficios materiales, hasta favores de cualquier tipo, o el mantenimiento en una relación que también sofoca, y mucho.

Los anillos de la manipulación a menudo son invisibles. Casi nunca se solicita nada al otro directamente, pero se consigue que el otro se ofrezca o se sienta “obligado” a comportarse de una manera concreta. Cuando las solicitudes son abiertas, van aderezadas de bombas de culpabilidad, calificaciones de egoísmos o muestras de debilidad que empujan al otro a hacer “su parte”.

¿Cualquiera es manipulable? En general, sí. La habilidad inconsciente del manipulador radica, no sólo en cómo hacerlo, sino también en detectar qué aspectos del manipulado son “explotables”. Somos susceptibles de manipulación basada en nuestros “agujeros” psicológicos: nuestras carencias y soledades, por ejemplo, y, sobre todo, los agujeros de nuestra autoestima. La manipulación utiliza habitualmente nuestros deseos de ser queridos, apreciados y de ser mejores de lo que nosotros mismos nos vemos. Así, en nuestras actuaciones provocadas por la boa de la manipulación obtenemos un reflejo de espejo en el otro; un reflejo en el que oímos: “qué bueno eres” (cuando temo ser malo); “qué listo eres” (cuando creo que soy tonto); “qué fuerte eres” (cuando temo lo débil que soy); “qué justo eres” (cuando me ha herido la injusticia en mi vida); “qué ayudador eres” (cuando a mí nadie me ayudó nunca)…

La boa de la manipulación asusta muchísimo, pero no es invencible. Nuestras emociones encontradas cuando nos vemos obligados a hacer algo que no queremos son una alarma que nos permite detectar los anillos que nos constriñen. La consciencia explícita y concreta de la manipulación y de cómo los anillos nos están sofocando es uno de los principales antídotos para luchar contra ella.

A veces el manipulador se pasa de frenada y eso permite que aparezca en nosotros la consciencia de que los anillos están sobre nosotros. O a veces es el proceso psicoterapéutico el que permite, con el conocimiento de nuestras heridas, carencias y mecanismos internos, percibir las maneras en las que las boas actúan sobre nosotros.

Y, sobre todo, tengamos claro una cosa: si nos sentimos en conflicto por hacer cosas que en el fondo no sabemos si queremos hacer o no, es que, probablemente, hay una boa cerca.

Seguir leyendo

17/05/2020

Pandemia de zombis, ¿realidad o ficción?… Quinto Milenio

Pandemia

Los zombis causan furor en las narraciones terroríficas actuales. Como he señalado otras veces, a mí, en estos artículos, no…

Los zombis causan furor en las narraciones terroríficas actuales. Como he señalado otras veces, a mí, en estos artículos, no me interesa tanto el contenido estrictamente narrativo de la literatura o del cine de terror, sino lo que refleja de las dinámicas psíquicas.

Al igual que los cuentos de hadas antiguos, creo que las narraciones de terror reflejan fuera, a modo de metáforas, dinámicas psicológicas individuales y dinámicas globales, pertenecientes a toda una cultura, o a la Humanidad en su conjunto.

Y los zombis llevan unos cuantos años siendo objeto de interés intuitivo por una buena parte de la población en nuestra cultura Occidental.

Claro que su nacimiento es mucho más oscuro, en la profundidad de los poblados haitianos. En estos lugares, al parecer, las prácticas vudú podían arrancarte el Ti Bon Ange (el Pequeño Buen Ángel), que era el cerebro, la sangre y la conciencia; es decir, la parte consciente y racional de la persona; su voluntad. El resultado era un ser humano que había perdido parte de su alma y que estaba muerto, pero que podía ser convertido en esclavo de las plantaciones, por ejemplo.

Si la persona perdía, por el contrario, el Gros Bon Ange (el Gran Buen Ángel), perdía totalmente la vida, ya que esta alma era la gran alma, la que contiene la personalidad, la memoria y los sentimientos. Dicho sea de paso, creo que la valoración en nuestra sociedad es al revés: los sentimientos son secundarios y lo racional, lo importante. Así hemos evolucionado…

A lo que vamos; y es que los zombis que fascinan y aterrorizan a buena parte de la población occidental desde hace decenas de años, son los humanos que han perdido la parte consciente y la voluntad. Y, además, se agrupan en hordas, sin ningún tipo de individualidad. Estas masas de zombis van de un sitio a otro sin mucho sentido, o convertidos en el ejército perfecto por un ser maligno poderoso, como en Juego de Tronos.

En éste, nuestro tiempo, al parecer, perder parte del alma, incluyendo no tener voluntad para evitar ser utilizados como esclavos no es suficientemente terrorífico… Así que ahora los zombis se comen a los que sí conservan aún su Ti Bon Ange. Nadie empatiza con el zombi; todos nos identificamos con los supervivientes que tratan de resistir ser convertidos en gente sin voluntad que vaga sin ton ni son, o al albur de voluntades ajenas más enfocadas y poderosas.

Ya sabemos que los monstruos no existen, y al terminar un nuevo capítulo de la serie, respiramos tranquilos y volvemos a nuestro mundo real… Pero, espera, igual hace un tiempo que estamos entrando en una pandemia de zombis y no nos hemos enterado…

Seguir leyendo

9/05/2020

Confinamiento externo, confinamiento interno

Carga COVID-19

Los estados emocionales en los que nos sitúa este confinamiento COVID-19 a veces pueden ser verdaderamente intensos, especialmente la ansiedad,…

Los estados emocionales en los que nos sitúa este confinamiento COVID-19 a veces pueden ser verdaderamente intensos, especialmente la ansiedad, la tristeza o la ira.

Muchos tratamos de contener las expresiones de todo ello ante los demás menos cercanos, especialmente amigos, conocidos, o compañeros de trabajo. En mi opinión, es un favor que les hacemos a los otros y a nosotros mismos, porque bastante tenemos ya como para generar más angustia sistémica de la que hay. Pero al final, irónicamente, casi todos pensamos, con preocupación, que el vecino lo está llevando mejor, y que uno debería estar así de bien como nos muestra el otro, sin distinguir lo que se expresa de lo que se siente realmente.

Con relación a estos estados emocionales intensos, es necesario comentar que el confinamiento COVID-19 actúa como las cargas de profundidad anti-submarinos*. El encierro y el aislamiento externos van descendiendo en nuestro interior psíquico hasta colisionar con nuestros confinamientos internos, con los que se confunde. Todo ello genera una explosión muy intensa que muchas veces nos sorprende y nos hace pensar que no es normal, que el vecino está mejor.

Cuando hablo de estos encierros internos me refiero, por ejemplo, a las limitaciones personales que nos imponemos cotidianamente: el racionalismo extremo, la búsqueda de la perfección, los juicios personales tan poco compasivos, la falta de fe en nosotros mismos. Estas limitaciones habitualmente las compensamos con actividades, actuaciones y relaciones sociales obsesivas. Por confinamiento interno también me refiero a la percepción de soledad existencial, de vacío de propósito, y de falta de fe en la vida. La soledad externa nos hace contactar con la soledad interna, pero son diferentes, no las confundamos.

Todos tenemos confinamientos internos, y la ausencia de estimulación social, de capacidad de acción, nos hace contactar con ellos; y en esta crisis Coronavirus, como nunca. Quizás una manera de sobrellevar esta bomba sea tomar conciencia de esta confusión; tomar nota, sin prisa, pero sin pausa, de nuestras tareas internas pendientes, aceptándolas.

Y que el vecino se ocupe de las suyas, sean las que sean.

*Nota: ¿no es curioso el parecido de una mina anti-submarina y el COVID-19?

Seguir leyendo

2/05/2020

Dilemas del desconfinamiento

Desconfinamiento

Para muchos y muchas, este desconfinamiento ya anunciado es -y nunca mejor dicho- agua de mayo. Es un enorme alivio…

Para muchos y muchas, este desconfinamiento ya anunciado es -y nunca mejor dicho- agua de mayo.

Es un enorme alivio para los niños pegados todo el día a sus tablets; para los padres que ya no saben cómo conciliar su trabajo con la atención constante de hijos a los que hay que entretener, educar, ayudar en el aluvión de tareas escolares, etc.; para las parejas muy mal avenidas que tienen ahora que pasar tanto tiempo juntos; para los que viven en habitaciones de 4×4 sin ventanas; para las personas que han sufrido duelos recientes y se les cae la ausencia del ser querido encima; para los que viven apartados de sus familias y no pueden estar con ellas; para los trabajadores online que ven cómo sus labores, lejos de disminuir, han aumentado de forma desorbitada…

Y quisiera detenerme un poco en esto, porque creo que es de relevancia tener en cuenta que las ventajas del teletrabajo son muchas, pero la exposición constante a pantallas genera agotamiento acumulativo. Por no hablar de que el sobretrabajo de empresas que tratan de evitar el hundimiento contrasta con la sobreactuación en otras compañías en las que el cierre o las pérdidas dramáticas no son una amenaza, pero sí lo es la pérdida de control de los empleados, o la angustia de la incertidumbre. Todo ello conlleva un aumento, en mi opinión, exagerado y absurdo de las reuniones virtuales y las tareas obsesivas. Y carga en exceso a una gente ya agotada por la propia pandemia.

Y todos estos damnificados por el encierro, entre otros muchos, contrastan con otra parte de la población que ha tenido la fortuna de encontrar en su casa un sitio de recogimiento, de introversión muchas veces añorada pero no tenida; de recuperación de la soledad, de la lectura, de la creación, del ejercicio físico y de la libertad para ser mucho menos sociales sin sentirse culpables.

Y aquí es donde viene el dilema para estas personas. ¿Cómo retornar a la normalidad externa sin verse inundados por la oleada de extraversión social que se avecina?

Porque somos seres de polaridades, y después de una polaridad de recogimiento interno, probablemente nos venga el otro movimiento del péndulo: las incesantes reuniones, las visitas, las fiestas, las salidas constantes al exterior; y con ello, los compromisos sociales queridos y “obligados”.

Estos días estoy oyendo también en algunas personas pertenecientes a este grupo de beneficiados por el encierro muchos miedos a la salida al exterior y a perder lo ganado este tiempo.

Así que, como siempre en psicología, la consciencia es lo primero: la consciencia de los riesgos que podemos correr en la salida, no sólo sanitarios, sino también psicológicos; y la preparación de lo que se nos viene encima con la socialización extrema. Habrá que practicar límites y, en algunos casos, no aceptar voluntariamente la libre salida, así como así.

Quiero decir con esto que, aunque las autoridades nos digan que ya tenemos derecho a salir al patio, igual también tenemos derecho, dentro de nuestras posibilidades, a decidir individualmente nuestra propia y personalísima velocidad de desconfinamiento; y derecho a hacerlo como personalísimamente nos convenga más, ¿no?

Seguir leyendo